Apreciables compañeros:
Después de leer las diferentes documentos que nos proporcionaron, quiero comentarles que muchos de mis pensamientos previos se vieron reforzados, puesto que yo nunca me he sentido confrontada con la docencia, quizá porque como había mencionado antes, provengo de familia de maestros, ya que 3 de mis hermanos mayores son maestros, y maestros comprometidos con su quehacer docente; siempre los vi preparando clase, preparando material para sus alumnos, incluso dando clases en escuelas por cooperación en zonas marginadas de Mexicali, (además de las clases donde tenían su plaza), llevaban alumnos que se atrasaban académicamente a casa para poder regularizarlos, apoyaban económicamente alumnos con situación económica precaria, así que yo aprendí a amar su trabajo, y han sido un ejemplo para mi en todos los aspectos; de manera que cuando emprendí la aventura de la docencia, a pesar de no haber estudiado para maestra, tenía la mejor escuela, la de su ejemplo; además, también su consejo.
Al concluir mis estudios de Biología, empecé a trabajar en Educación Ambiental, en la Comisión de Ecología del DDF, ahí tuve mi primera experiencia con la docencia, ya que me tocó participar en la elaboración e implementación de programas de educación ambiental no formales, los cuales fueron diseñados en equipos interdisciplinarios, donde había egresados de Pedagogía, Sociología, Psicología, Administración y Biología, de manera que pudimos adquirir una visión global de la educación ambiental , ya que cada profesional aportaba su punto de vista, hasta lograr una amalgama interesante.
Después del terremoto de 1985, salí de la ciudad de México para regresar a Mexicali; en 1986, ingresé a Colegio de Bachilleres de Baja California en un plantel de nueva creación, en el cual aún laboro, por lo que soy orgullosamente maestra fundadora del Plantel Miguel Hidalgo y Costilla de CBBC.
De alguna manera, me incorporé a la docencia en forma circunstancial, pero no me arrepiento, ya que me ha dado una valiosa oportunidad de crecimiento personal, me ha permitido desarrollarme profesionalmente y también porque no decirlo, tiempo para dedicarlo a mi familia y a la educación de mis 2 hijos.
Cuando me incorporé a CBBC, no fue porque no había otra opción de trabajo, tenía la oportunidad de trabajar en la Delegación de la entonces Secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología, o en el IMSS, pero por conveniencia de horario, preferí iniciarme en la docencia y la verdad, esta decisión me abrió las puertas a un mundo maravilloso, en donde he aprendido mucho; ya sea a través de los cursos de actualización que semestralmente nos imparte la institución; en la relación con los alumnos, la cual ha sido de gran importancia para la comprensión de los adolescentes; en la relación con los compañeros, con quienes tenemos largas e interesantes pláticas sobre temas diversos, las cuales se enriquecen con los diferentes puntos de vista de profesionales de áreas distintas y también he hecho grandes amigos.
Nos dice Esteve, que la docencia nos “puede aburrir soberanamente” o puede hacernos “vivir con pasión el descubrimiento que en cada clase hacen tus alumnos” y esta es una gran verdad, ya que aún cuando se imparten los mismos temas, la clase en cada uno de los grupos en los que impartes la materia es totalmente diferente, cada grupo, formado por individuos con historias y necesidades diversas, la recrean de una manera distinta, te exigen cosas diferentes y tu respondes a estas necesidades particulares, yo realmente disfruto el momento que estoy en el salón de clases. Como decía Unamuno, de acuerdo con la lectura de Esteve; como maestros debemos dedicarnos “a pensar y a sentir y a hacer pensar y sentir”. Esta es la mejor enseñanza que podemos dar y además, nos permite disfrutar lo que hacemos y “rescatar para nuestros alumnos lo fundamental que les permita entenderse a sí mismos y al mundo que los rodea”
Como menciona la maestra Sandra Karina, una de las grandes satisfacciones es generar en los estudiantes la curiosidad por aprender, conocer e investigar más sobre los diversos temas que analizamos en clase o cuando mis alumnos me comentan que quieren estudiar Biología o Medicina, por lo que aprendieron en clase; o cuando años después de haber egresado, encuentro alumnos y me recuerdan con cariño o van a visitarnos para invitarnos a su graduación de la escuela profesional, o para comentarnos donde están laborando.
Esto me produce gran satisfacción, ya que como comenta la maestra Olga Margarita, tenemos que prepararlos para que aprendan a ser, hacer, a utilizar y a convivir; de manera que puedan participar en la vida activamente y el ver logrado este objetivo, no solo me satisface, sino que me motiva para seguir adelante, ya que nos toca participar en una etapa de la formación de ciudadanos que en el futuro, estarán al frente de empresas, instituciones y de los diferentes niveles de gobierno.
La magnitud del compromiso que tenemos para con nuestros alumnos y para con nuestro país, requiere de una continua preparación tanto para el manejo de los contenidos temáticos de la asignatura que impartimos, como de las estrategias para facilitar el aprendizaje de nuestros alumnos; como señala Freire en “Cartas a quien pretende enseñar” la docencia es una actividad que requiere de un compromiso permanente de capacitación.
De manera que debemos capacitarnos, planear nuestra clase con anticipación, buscar actividades innovadoras para el manejo de contenidos, conocer la psicología del adolescente para lograr orden en nuestras clases y como dice Esteve, “ganarse el derecho a hacerse oír” y no quejarnos amargamente cuando decimos: “este grupo no sirve, no ponen atención, no entienden nada, no les interesa mi materia”.
En estos casos, tenemos la obligación de revisar nuestra práctica docente y modificarla, debemos cuestionar nuestro trabajo frente al grupo y no tomar la salida más fácil y responsabilizar a “estos muchachos que no quieren estudiar”; debemos reconocer que nuestra principal labor es lograr su interés, lograr que reconozcan el valor del conocimiento y que a través de este pueden mejorar su vida.
Debemos esforzarnos particularmente con quienes no están logrando su aprendizaje, con quienes tienen problemas de inasistencia, con aquellos que retan nuestra autoridad; son ellos quienes más nos necesitan, no debemos olvidar que en incontables ocasiones, los maestros somos los únicos que mostramos interés por ellos y podemos representar su única oportunidad para encausar sus inquietudes.
Sin embargo, también hay motivos de insatisfacción; la apatía cada vez más evidente en muchos de nuestros alumnos, la falta de compromiso (verdadero) de las autoridades educativas, la falta de recursos, los bajos salarios, la inequidad en el trato a los trabajadores de la educación y cito al maestro Rivera Millán, compañero de nuestro grupo,”Debemos preguntarnos qué hacemos para mejorar en la labor docente, pero también qué hacen los alumnos, la institución, en fin: la comunidad educativa, ya que hay limitantes personales e institucionales para un logro efectivo de los objetivos educativos”. Considero que esto último, es algo en lo que muchos de nosotros vamos a coincidir.
Porque además, como plantea Miguel Ángel Santos Guerra, al maestro se le exige una labor contradictoria, la institución le pide una educación en valores (solidaridad, tolerancia, verdad) y la sociedad y en muchas ocasiones las mismas autoridades de la institución, practican un serie de antivalores como injusticia, inequidad, mentiras, intolerancia, etc. que nos crean sentimientos encontrados y una profunda insatisfacción e impotencia, que de una u otra manera, afectan nuestro desempeño docente.
Es verdad, ser maestro no es fácil; requiere de preparación constante, requiere de nuestra labor diaria dentro del aula y fuera de nuestro horario de trabajo, requiere de pasión por enseñar y también de amor y una gran paciencia para con nuestros alumnos, de manera que puede ser fácil que nos sintamos agobiados y en ocasiones defraudados, ya que la sociedad y las autoridades educativas no valoran nuestro esfuerzo, pero en estos momentos de pesadumbre es cuando debemos recordar la grandeza de nuestra tarea y como nos señala Marta Lluis Cladera, “Nadie puede quitar a los maestros y profesores el desafío del Saber y la pasión por comunicarlo”
Pero a pesar de todo, o quizá por eso y porque estamos concientes de que la labor educativa no es sencilla pero que es sumamente importante, es que todos seguimos aquí en los planteles como docentes; preparándonos para dar nuestra mejor batalla en la próxima reforma de la EMS, con la finalidad de mejorar como maestros y poder colaborar con la construcción de un mejor país, más educado y por lo tanto más justo.
domingo, 10 de agosto de 2008
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